domingo, septiembre 19, 2010

LLEGARON LAS ROSAS ROJAS



(*) SUSANA GOMEZ PARA MACONDO

Desde niños habían decidido pasar la vida juntos.

Todo empezó jugando a la mancha congelada que se derretía cada vez que se cruzaban las miradas.

Cuando él salía de la escuela, para ella era la hora de entrar, y para ambos el feliz momento de encontrarse en una esquina y con un interminable chau!!, sellar una vez más ese amor tan puro, que se vislumbra en los ojos de la persona amada, brillitos que parecen los diamantes del alma.

Nunca pasaron inadvertidos, iban juntos a todos lados y así los encontró el destino, juntos!!, cuando por primera vez un beso les avisó que ya eran adolescentes.

Tenían proyectos para ellos, una gran casa, con un consultorio en donde el doctor HR podría atender a sus pacientes sin alejarse demasiado de la alegría y la seguridad que le producía el estar cerca de ella. Ella, que cuidaría de él y de sus hijos hasta llegar a viejos juntos, muy juntos...

¿Qué había pasado? ¿Cómo no se habían dado cuenta antes?

Los crueles verdugos, que nunca habían conocido el verdadero amor, no podían permitir que fueran felices. ¿Qué dirían los vecinos? Tan chicos!!!

Y así, entre la disputa del miedo, el ultraje de la cobardía y la censura de los fracasados, se fueron alejando, como se van cayendo los pétalos de los tulipanes.

En octubre.

El mismo destino que los unió cuando aún eran dos chicos, molestó, les jugó una mala pasada. La primavera se transformó en triste despedida. Ya nada sería igual.

El mes de septiembre sigue teñido de luto en sus corazones aunque pasen los años. Cuando dejaron de verse, sus almas seguían unidas y prolongaban la realidad.

Llegaron tarjetas llenas de angustia y alegría, ya que la distancia se interpuso entre ellos sin compasión.

Formaron sus propias familias. Tuvieron hijos. Llegaron rosas rojas.

Pero la luna llena y las estrellas transparentes en un cielo oscuro, ese mismo cielo que ambos prometieron mirar cada vez que la amargura o el miedo se instalara en sus corazones, les cuentan que se encuentren en donde se encuentren, en cualquier lugar de la Tierra, o un día en algún lugar en el cielo, tienen un espacio reservado para ser felices juntos.

El destino tiene una deuda con ellos.

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