lunes, octubre 11, 2010

MI COLEGIO



(*) SUSANA GOMEZ para MACONDO

Mi colegio. Así lo llamaba... y lo sigo llamando, porque cada pedacito de patio, me pertenecía. Cada pedacito de pizarrón y de aula eran míos.

Mi colegio tenía perfume a tizas de colores, y a mate cocido caliente que nos traía la señora portera --a la cual llamábamos así porque para ella era un orgullo--, con un pancito tan rico y crocante, como el corazón de todas las chicas que nos despedíamos ese año 1969, para comenzar una nueva etapa en nuestras vidas.

Habíamos estado juntas muchos años, y la despedida fue un desgarro para el alma.

Lloramos tanto!!! Nos abrazábamos tan interminablemente fuerte!!!

Es que algo llegaba a su fin, sentíamos que estábamos perdiendo parte de nuestros corazones. Nos dábamos cuenta de que lo que se terminaba era la infancia, y teníamos que empezar la adolescencia que nos quedaba grande y extraña.

Junto con nuestro cambio transitábamos una era de Acuario en la cual la paz y el amor que nos llegaba desde lejos, a veces se transformaba en locura y violencia a nuestro alrededor.

No conocíamos la verdadera libertad. Pero la palpábamos día a día en cada uno de nuestros actos. Todo era nuevo!! La ropa de colores brillantes comenzaba a tapar el gris, el azul y el negro. Los cánticos de protesta se mezclaban con nuestra inocente música progresiva.

Y... a pesar de todo, las plazas no tenían rejas. Podíamos a cualquier hora mecernos en sus hamacas y soñar, mientras volábamos bien alto, cómo serían nuestros hijos con ese inolvidable primer amor.

A pesar de todo podíamos jugar al agua en Carnaval, sin miedos y sin que la vecina se enoje porque entrábamos a su patio a cargar las bombitas, y le mojábamos hasta la vereda!!!

El tiempo pasa, y mi colegio sigue abriendo sus puertas año tras año, a nuevas generaciones. En su patio se escucha el eco de los tacos de la directora que con elegante delantal inmaculado nos daba la bienvenida. Se escucha el eco del Himno Nacional tocado en el piano por una vieja maestra de música, que se emocionaba hasta las lágrimas todos los 25 de Mayo y los 9 de Julio, cuando festejábamos con alfajores y delantales bien blancos y almidonados el cumpleaños de la Patria, con admiración y respeto por nuestros próceres. Y el solemne acto del día de la Bandera, a la que juramos defender con honor frente a los granaderos. Nos sentíamos tan importantes!! que parecía que desde el cielo celeste y blanco, el General Belgrano nos dedicaba una sonrisa cómplice.

Los recuerdos de mi colegio, de todos los colegios, son los recuerdos de la infancia, de los primeros amigos, de los primeros secretos, de los primeros miedos, del primer amor, del primer beso. De todos esos sentimientos que allí en esas aulas aprendí y se fueron mezclando con la vida misma, para convertirme en esta mujer que soy aquí y ahora!!!

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