domingo, diciembre 12, 2010

MAGICOS


(*) SUSANA GOMEZ para MACONDO

Hacía muchos años que no se percibían.

Un día, de esos maravillosos que concede el destino, Almendra estaba en la costa,

como siempre, recostada, divagando y escuchando el sonido fabulosamente sugestivo

de las olas cuando rompen en los peñascos.

Una voz celebrada, dulce y apaciguada inundaba sus sentidos de estremecimientos

cristalinos y satisfactorios.

¿Otra vez mirando el océano Almendra?

Sin darse vuelta, por temor a que se esfumara el encantamiento, objetó.

¡Si, otra vez! ¡Es tan sublime! Aquí en este territorio puedo reencontrarme con el

Universo mismo.

Puedo ver mi principio y mi final.

El astro rey, las ondas, la espuma plateada, el olor sutil de la sal, se enmarañan con el

horizonte y parece que hasta las gaviotas pasan examinando la forma de enlazarse con

el ayer perdido y añorado, con el hoy y los propósitos, con el mañana y las quimeras

que pueden ser realizadas.

Algunas de ellas, por la noche, mirando las estrellas se reconcilian con la realidad ante mi vista, como por algún conjuro, descubriendo ante mi,otros mundos, otros tiempos, otros espacios.

Percibo etéreamente que aquel que se marchó, esta un poco mas cerca.

Trasladándose por algún callejón, alumbrando desde alguna constelación o sosegado en

alguna otra playa, regocijado de otra masa de agua, cercado de montañas azules y

verdes bajo algún otro limbo anaranjado.

Registro que el tiempo no pasa, que la que pasa soy yo. Que todo esta ahí desde

siempre.

Igual, heterogéneo.

Que todo tiempo pasado, pasó sin darme cuenta.

Deduzco por fin que el tiempo no existe, y que vos estas aquí conmigo.

¡Yo siempre estoy con vos!

Dijo la voz cargada de anhelo y ecos perfectos como la inmensidad.

¿Sabes? Creo que desde siempre estoy aquí, cargándome parte de la naturaleza en mí

organismo, que es tan endeble al espacio que va pasando.

Seguía diciendo ella muy emocionada, con los ojos saturados de sollozos, que nacían claramente desde lo más recóndito de su corazón confuso y feliz.

Ya fui estío, y renovación.

Soy otoño, y voy a ser la estación del frío.

Mientras voy traspasando por aquí puedo sentir como me voy transfigurando. En cada

período, con cada conmoción que el destino me va dejando en el esencia, y en el espíritu.

¿Me comprendes no?

Decía Almendra con persuasión, con fino delirio.

Si, te comprendo, siempre te he comprendido.

¿Que querés?-

Preguntó la voz con certeza y misericordia celestial.

No lo se.

Y las imágenes mas agraciadas desfilaban por la mente de ella.

¿Sabes?

Todos los sucesos son como cuando ingresé en este inmortal mar por primera vez.

Todo lo sentí en ese excelente y extravagante relámpago de tiempo.

Fui experimentando poco a poco, lapso tras lapso de esta vida en la tierra.

Ahora estas mismas impresiones me están acompañando en este, mi camino hacia el

Infinito, hacia la eternidad.

Pude apreciar como en los originarios minutos y con la primitiva impresión surgieron el

recelo y el acatamiento. .

Sin embargo…

Inspiré profundo y se inició el desafío, el pretender animarme a más, no obstante todo

podía acabar allí mismo.

Y surgió la fe, la familiaridad conmigo misma.

Estuve al tanto del éxtasis por la superioridad, de lo que quiere decir majestuoso, se me

erizó la piel.

Muchas veces ganaron las lágrimas.

Temblé y tuve frío.

Las piedras me lastimaron, las olas me revolcaron, me asfixié.

Salí a flote y me aturdí, de impotencia y de satisfacción.

Derroché la confianza en mí, me fue mal, pero seguí persistiendo.

Pasé la rompiente y logré llegar por fin adonde quería.

Una vez allí, la placidez, la calma y el orgullo de salir airosa una vez más,

indujeron en mí una inmensa felicidad, junto al placer de mecerme y formar parte del

cosmos, del firmamento.

Sobreviví muchos ciclos.

El sol arrulló mi piel, entibió mi alma, y con esas tibias alabanzas iba llegando la

conciliación que siempre busqué, permitiéndome tropezar con la cualidad de seguir

adelante hasta que llegue el final y, reiteradamente indagaré otra vez la fe para poder

formar parte de la inmensidad, del todo, de la nada, del paraíso, de la materia y del

tiempo.

Pero amiga… ¿no decís el tiempo no existe, entonces que hago yo aquí y ahora?

Dijo la voz serena y firmemente.

No lo se compañero, debe ser que ustedes Los Ángeles son Mágicos.


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