lunes, agosto 22, 2011

MATE



El mate es mucho más que yerba, bombilla y agua.

Aquellos que lo confunden con el Nesquik no quitaron aún el primer velo que oculta sus tesoros secretos. El mate es un proceso, una apuesta. Es la complicidad manifiesta entre seres que se han comprometido a defender la verdad aún en las circunstancias más adversas.


Aquel que ceba con la misma velocidad con la que un artista marcial chino lanza golpes de puño, no comprende lo esencial del arte de compartir.

Supongamos, por ejemplo, que una persona come 120 milanesas al año. No puede comerlas todas en un día y decir “bueno, ya está, la cuota de milanesas está cubierta”. El asunto es ir de a poco, paso a paso.

Dar un mate es como dar una posta en las olimpiadas, como regalarle una bicicleta a un niño. Es como acariciar a alguien.


Y no es sólo el chupar de la misma bombilla lo que nos acerca a los compañeros de mate. Es el anhelo común de saciar la sed de vivir.

En alguna noche de insomnio podemos preguntarnos si el mate es parecido a la ceremonia del té.

Sí, en algo se parece, pero tiene menos vueltas, es más sudamericano.



En el tema ceremonial, los chinos son un poco exagerados para los parámetros occidentales promedio. Le dan tanta importancia a la preparación que cuando llega el momento en que sirven la primera taza ya varios se fueron a la casa.

Cada cultura con lo suyo. ¿Ustedes me ven a mi sentado en flor de loto? No. No sólo porque no puedo sino por la misma razón por la que no me ven con pollera como los escoceses: sería ridículo.

Que me guste la serie Kung Fu no quiere decir que tengo que comer el arroz con palitos.


El camino del medio. En eso sí estoy de acuerdo 100% con los chinos.

Ni calvo ni con dos pelucas, decimos acá.

Bueno, cuando el mate lo ceba un hombre o una mujer de conocimiento, lo único que llama la atención es que siempre hay alguien que dice “qué rico mate”.

¿Cómo va a ser un mate más rico que otro? ¿Por la yerba, por el agua, por su temperatura? Los factores materiales son importantes, sí, pero lo que define es el espíritu.


Y si vamos aún más profundo, nos daremos cuenta de que espíritu y materia son –como bien dijera Enrique Santos Discépolo- uno.

Por eso, queridas y queridos, me atrevo a sugerir que dejemos de hablar pavadas y pongamos la pava al fuego.

FUENTE : 
http://perdidosenbuenosaires.blogspot.com/

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