domingo, septiembre 25, 2011

COMO UNA MUJER CONSTRUYE UN AMANTE



Por ANA PAULA GONZALEZ SUAREZ 

Que aterciopeladas fantasías esconden tus cabellos de hombre, ni tan suaves, ni tan perfumados y brillantes. Acaricio tu rostro a la distancia, extiendo mi brazo en el aire estirando la punta de mis dedos cierro los ojos y me quedo pensando en lo bello de tu piel, tu piel blanca.

¿Nunca pensaste que te pienso? Probablemente nunca, porque eso simplemente se siente, no se sabe de donde viene, te invade una sensación extraña, y para cuando te haces una idea de esta experiencia, comienzas a pensar en quien te piensa, como un bumerang vaga en el espacio la imagen del recuerdo. Uno siempre duda de que lo piensen, aunque a veces con más certeza se dice que no hay explicación para la constante presencia consciente de alguien y nace en el estómago la sensación de la mínima posibilidad de estar siendo pensado.

Escondida mi fantasía, detrás del fondo de todo lo que la encubre mi vos te nombra por dentro, te reclama y desea. Quizás sea el deseo lo que traspasa toda lógica y física, y su potencia arrolladora se abra camino rompiendo tiempo y espacio, acercando a centímetros grandes kilómetros de distancia. Que controversias despiertas en mis sueños cuando despierto, mi moral me condena  pero incluso ella te trae fresco cada día.
Lleno mis horas desorientada, entre recriminaciones y preguntas por lo que pudo ser, lo que pudo ser cuando tú querías que fuera y yo tan llena de miedos intuitivos no me permití. Y mírame aquí, aún hoy, sabiendo que ya es tarde, que nada vuelve atrás, anhelando que el milagro ocurra y temiendo las consecuencias imperdonables pero sabiendo que en algún punto de la vida los pecados y el amor deben cometerse, uno, yo, en algún punto debería someterme. Sigo resistiendo.

Más no puedo lidiar conmigo, me rebalsa, me supera, me excede. Las fugas plasmadas en actos momentáneamente satisfactorios terminan cuando la urgencia biológica es satisfecha a costas de otro que te reemplaza; otro que gana de mí lo que tu provocas y me convierte en buena amante, dedicada y apasionada. Imaginando cuando cierro los ojos que estoy extendiendo los brazos en el aire, estirando la punta de los dedos tocando, rozando tu piel, tu piel muy blanca como la mía.

Admito que la decisión de entonces no fue desacertada, no me arrepiento de lo que elegí pero me reprocho lo que no me atreví, yo calculé que hubiéramos ganado algo efímero y poco feliz, injustificable, a costas del dolor de otros. Admito que pensaba que no tenías nada que perder cuando me hiciste la propuesta y pensé que debías tenerlo para averiguar si realmente dentro tuyo habitaba la misma pasión, el mismo amor que yace en mí. Porque esto que siento, que sentí fue suficiente y la principal razón para hacerte huir.

Tus ojos, verdes, profundos y decididos, tan seguros  e irresistibles; fueron tus ojos los que se adueñaron de los míos. Un instante increíblemente breve, vivido con extrema lentitud, plasmado en la memoria a fuego como una película que se repite una y otra vez, fue necesario sólo un instante, todo genuino evidente y brutalmente verdadero que se evanesció al siguiente instante tratando de disimular que cuando tus ojos y los míos se vieron pareció que el universo se abría, todo lo de rededor se diluía y en el punto de convergencia exacto entre ambas miradas acontecía una increíble explosión. Y aún cuando el tiempo ha pasado, hay cosas que no puedo evitar. Cada día, cada uno de mi vida, desde que nuestras vidas se cruzaron, he pensado en ti al menos por un momento, por un instante ese instante. Y siempre me pregunto ¿Por qué?

Te he guardado bajo extrema seguridad en el cajón de los recuerdos que no puedo matar, como las cárceles guardan a los prisioneros más peligrosos en una zona llena de alertas, llena de rejas y llaves, de muros altos lejos de la luz, del mundo y de mi corazón; ese cajón lleno de recuerdos que viven gracias al sentimiento siempre buscan un modo de escapar y hacer mal; mis prisioneros acopian cientos de imágenes de momentos de los únicos dos hombres que amé.

Pero no se a que se le llama felicidad, no se cómo puedo asegurar que amé. Luego de ti, nunca hubo fuego tan abrazador, ni deseos tan prohibidos, ni conflictos tan absurdos, ni miedos tan reales, ni fantasías tan prolíferas, ni alegrías tan auténticas, ni vida genuinamente vivida. Pero también supe  desde el segundo instante que debía perderte como fuera, debía perderte para ganar, aunque lo que haya ganado me cueste el corazón, no te pido que lo aceptes, pero calma mi moral aunque nunca calle mi deseo. Las rejas de la prisión irremediablemente dejan escuchar su voz.

Ser tu amante es lo único que no ha sucedido de verdad, porque no había vuelta atrás. Ahora no será diferente, pero los años de condena serán muchos menos y al final si he de perder, si he de pecar, lo que dure será la parte de mi vida que fue plenamente auténtica, el alto costo que pague por ello no dañará a nadie. Quedará entre cuatro paredes, entre ambos, llegará a su fin tan pronto como comience y hecho recuerdo será sólo mi condena, no sabré si también será la tuya. Pero sólo lo digo porque no tengo el valor de hacerlo y nunca lo tendré.

Tu boca, la veo, la imagino sobre la mía y eso basta para que todo vuelva a mí una vez más. Cometí tantas locuras para no besarte, hice tantas estupideces para espantarte, dije tantas medias verdades para no volver a verte; nada ha bastado y creo que no lo hará, aún cuando sigo sin creer que aquello fuera verdad. De golpe te pido disculpas y pretendo que borro con el codo aquello que se selló a fuego, el fuego de esa explosión cuando vos y yo nos vimos por primera vez.

Soy y he sido una idiota. Fui y seré débil ante mi sádica moral. Y he fantaseado todo este tiempo con la posibilidad de haberme equivocado, y le dejo margen a esa contingencia que no cambia nada en nada, pero que me ronda como un fantasma. Llegaste por mí cuando ya me habían mentido, hablaste cuando ya me habían traicionado, me invitaste cuando las heridas ya las habían  abierto, otros hombres. Pero aún así pudo más que todo la imagen de quién sería yo a tu lado, en que me habría convertido, en que nos hubiéramos convertido, lo que hubiéramos sacrificado, lo que hubiéramos perdido. Nunca sabré si vos pensaste, si vos pesaste en la balanza de la vida todo esto. Nada tenías que perder, me invitaste a perderlo todo y lo nombraste….lo sabías, vino el recuerdo; no, no quiero imaginar que lo habías pensado.

Esa pasión por tu esencia de hombre fue poniéndose otras ropas, y tu cuerpo fue copia en otros cuerpos hasta que encontré la más parecida, igual que vos miro nuestras fotos y me doy cuenta de la obvia suplantación; vuelve a sentirse en el estómago esa sensación de que esta idea va y viene; que vos también lo viste y me pensaste así.  Y tus palabras y tu mirada y todo tú has mudado, has mutado y has estado en silencio acallado por bastante tiempo, gritando semejanzas, exhibiéndose impune como si la realidad fuera un carnaval, un gran baile de disfraces donde sólo ambos podemos ver más allá de la mascarada. Has ido saltando de uno en otro sin equívocos, que nunca serán tú, pero fueron buenos sustitutos.

Construir la perfección de nuestro encuentro, tal y como desearía que fuera no es más que decirte que deberías arrinconarme, que deberías forzarme, que deberías robarme, someterme y que sepas que aún así no estarías haciéndolo, ahora que tienes algo que perder creo que te frenarás pues será lo mismo que a mi me hizo paralizar. Creo que lo único a lo que no te atreviste fue a dar el primer paso de la insolencia, porque yo fingía que eso iba en contra de mi voluntad, y vos desconcertado aceptabas probablemente temiendo mi reacción, temiéndole a algo que nunca existió, una necesaria alucinación. Pero hoy me desnudo ante ti desnudando mi verdad, siempre he sido tuya y siempre lo seré, y siendo tuya nada, nunca y jamás seré algo que debas reclamar. Lo único que te oculto es que te pertenezco por entero, llevo tu nombre, algo que constantemente tengo que borrar.

¿Que palabras le escribe una mujer a un hombre, cómo le explica una mujer a un hombre todo esto? Las mujeres somos seres complejos, cómo podría haberte dicho esto, nunca te lo diré y sin embargo cuando vuelvas a verme lo verás en mis ojos, lo escucharás en el silencio, lo sentirás detrás de la cortesía o la indiferencia, lo podrás percibir en el aire; y mientras eso pasa  haré que todos los actos te griten lo contrario, acallando la voz del prisionero que te nombra desde el fondo, que se cuela con su propio aroma, el único inconfundible, creerás que lo imaginas, será un deja vú, el aroma de mi deseo. Así de complejo es, así de necesario me parece y así de injusto lo siento.

No somos niños ya, no somos inconscientes ya, ni tan impulsivos, ni tan tontos. Nos ha pasado un tramo de la vida desde aquel entonces, ese entonces en que yo sabía para que venías. Nunca dudé una sola palabra de las que dijiste, me obligué a dudar. Hablabas en serio, pero debo seguir creyendo que nada tenías que perder, era fácil arriesgar, era fácil intentarlo y el costo no tan alto; porque al fin yo no fui ni soy algo tan importante para perder, siempre debe haber algún otro. Me odio cuando me confundo y recuerdo tu palabras renunciando a algo que valía mucho, escuchándote renunciar a todo como si hubieras podido saber que valía la pena semejante sacrificio; o no te importaba nada más que nosotros y me aterra o yo estoy en lo cierto y no eras valiente, eras temerario.

Tus manos, entre las mías, fue lo más sublime que viví. Y que ellas tocaran cada parte de mi cuerpo, recorrieran cada centímetro de mi piel ha sido lo único que me ha quitado el sueño últimamente. Juegan perversos los contradictorios juicios y deseos, no habrá momento para ello ahora, no existirá chance alguna. ¿Cómo le dice una mujer a un hombre que diseñe un plan para conseguirlo, si todo cuanto hace le señala que no existe tal posibilidad?

Es injusto y cobarde, y es la única manera de apaciguar el sadismo de mi moral; tal vez pienso que sería el único consuelo para no sentir tanta culpa después. No tengo derecho a pedirte que lo entiendas y no lo pediré; ni si quiera podría explicarte que te deseo y me entregaría con una falsa resistencia para vivir la más intensa pasión de mi vida y entregarme a la lujuria tan sólo una vez y en tus brazos, si sólo confías en lo que escuchas y hueles cuando yo te miro y no ves cuando te miento. Y te atreves a saltar esa barrera necesaria y poseerme porque simplemente siempre ha sido tu derecho. Siempre lo negaré.

Me detesto y me felicito, vivimos dos mundos diferentes y socialmente correctos, un abismo que esperé a que se profundizara hasta perder de vista su límite, ahora realmente nos separa, me siento a salvo, un poco más a salvo de vos pero no puedo escapar de mi. Hoy cuando los dos tenemos casi todo que perder, me pregunto si dentro tuyo, detrás de todo, en el fondo de lo cotidiano, aún me deseas a mí así; si me has reemplazado a mí tal y como me veo en tus fotografías, si mi cuerpo fue sustituido las veces necesarias hasta conseguir algo aceptable, si mis ojos, mi pelo y mi piel fueron compensados en parte; si me has encerrado en la cárcel por ser deseo y lujuria de un amor raro, casi único, el más puro que hayas podido experimentar. Me pregunto si esto que escucho cuando me escribís, si esto que huelo es real, pero prefiero ver sin mirar y creer en los hechos. Pero nunca me contestaré.

Ahora estoy pensando que sería tan fácil, sería irremediable con un solo beso, lo fue y lo sigue siendo, pero vos me lo pediste abiertamente mientras yo fingía no entender, y nunca te animaste a dármelo. Esto es algo que ambos debemos por lógica saber a esta altura. Ambos esperamos que el otro saltara al vacío; pero también ambos supimos  que tal vacío nunca existió. ¿Vos decidiste creer en esa falsa ilusión también?
Nunca creí que hubieras querido creerme; seguir creyéndome y que te creo además. Nunca lo admitiré.
Si fuera hoy el día, si este fuera el momento en que uno de los dos cruzara el puente tendido en el abismo, ambos sabemos que debemos volver, y que detrás de cada paso en el retorno ese puente caerá, y cada uno, de cada lado pisando tierra firme pero seca, sabremos que lo único que perdimos es un nosotros. ¿O viviremos vidas paralelas? ¿O me invitarás a renunciar a todo, a perderlo todo,  sabiendo que esta vez no podré mentir?
Sea como sea ya tengo asegurada una sola cosa, nos quité toda posibilidad de un amor legal.

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