martes, enero 03, 2012

EL GRAN SECRETO DEL TEMPLE





Por: José Santana Prado
México 2007


Nos encontramos en París el 18 de marzo de 1314, cuando el arzobispo de Sens y dos de sus asesores cardenales, hicieron comparecer a los últimos dos templarios de renombre ante el cadalso, montado frente a la magnífica iglesia de Notre- Dame.

El último de los 22 grandes maestres que tuvo la orden del Temple dentro de sus 196 años de gloriosa existencia, estaba atado de manos y por su aspecto, se adivinaba el sufrimiento que éste padecía, envuelto entre la muchedumbre que se apiñaba frente al pórtico de Notre-Dame.

La sentencia languidecía por entre los brazos del viento y, al caer, sólo se escuchó: ¡cadena perpetua! Sí, eso oyeron los dos acusados y la inquieta muchedumbre que gritaba eufórica ante el veredicto expedido por la blasfema hierocracia católica de la Edad Media de aquel siglo XIV. En el acto, los dos templarios alzaron su voz proclamando su inocencia, revocando sus anteriores confesiones ante los cardenales, quienes ya creían que el asunto estaba finiquitado. De Molay había tenido la esperanza de que el papa Clemente V lo iba a salvar, sin embargo, una vez perdida la confianza no le quedaba más que resignarse a la muerte. ¡Una muerte atroz!

Entretanto, Felipe IV el hermoso y su comitiva de megalómanos, enterados de los hechos, apresuraron la cosa y tomaron la decisión de quemarlos en la hoguera pública acusándolos de herejes relapsos. Sin olvidar que el rey, siempre tuvo la idea de apoderarse del tesoro y de las propiedades que el Temple poseía, de igual manera, Felipe odiaba en secreto la popularidad de la orden esparcida hasta el Medio Oriente.

La hoguera se erigió en la Isla de los Juncos (javiaus) en el río Sena, cerca del jardín del rey. Al parecer, entre la multitud había un testigo de peso que dio fe de los hechos: el poeta y cronista Godofredo de París, quien atestiguó lo que se había realizado sobre las acusaciones contra los templarios. El último gran maestre pronunció sus póstumas palabras con el fuego ya encendido, afirmando que el Temple era inocente y que, “dejaba en manos de dios la venganza por su muerte y la de sus hermanos”.

Por azares de la vida y del destino, la historia nos menciona que tanto Felipe IV como Clemente V, murieron en menos de un año. Clemente falleció en el pueblo de Roquemaure-Sur-Rhône el 20 de abril de ese mismo año 1314, a consecuencia de las esmeraldas machacadas que le hicieron comer “como remedio mortal”. En tanto el rey Felipe el hermoso, compadre del mismo Jacobo de Molay, moría en la penumbra de su fastuoso castillo de Fontainebleau el 29 de noviembre del mismo año en curso.

La orden del Temple ha sido una de las pocas ordenes religiosas que tuvo un doble papel, es decir, estaba constituida por monjes guerreros, con un voto de secreto y obediencia rigurosísimos que la llevó a su total desintegración. ¿A su total desintegración? Esta orden guerrera que a su inicio se creó con el compromiso de proteger a los peregrinos que viajaban a Tierra Santa, con el paso de los años y su fortaleza guerrera así como el crecimiento de su poder, se convirtió en una orden de elite del papa, con múltiples propiedades que obtenían por sus favores hacia los reyes y gente de poder. De igual forma conocemos que fueron los primeros, por lo menos en Europa, que utilizaron los cheques y las tarjetas de crédito al cambio, esto es, el cliente depositaba parte de su fortuna o toda ella en algunas de las tantas casas del Temple de cualquier país, acto seguido se le entregaba un recibo o pagaré con una clave secreta pudiendo recoger su dinero en otra ciudad. Si el documento era extraviado o robado, no podía cobrarse por carecer de la clave secreta, pues ésta sólo el dueño la conocía.

Los templarios tenían dos formas para sus reuniones también llamados capítulos: El Capítulo ordinario, parecido a una corte de honor, que hacía sus reuniones una vez por semana; constaba de cuatro o cinco hermanos para juzgar y decidir sobre los bienes de la encomienda. El Capítulo general estaba integrado por todo el monasterio, por los grandes bailíos y los comendadores de cualquier rango. Este capítulo se reunía para hablar de la administración de la orden y el nombramiento de los oficiales, era además tribunal de apelación para los asuntos judiciales, remitidos por los capítulos ordinarios; de igual manera, concedía el visto bueno a las decisiones tomadas por el consejo del maestre, del cual formaban parte los grandes bailíos y algunos caballeros escogidos que podían decidir acerca de la política exterior del monasterio o de la casa, esto nos menciona Marion Melville hablando del Temple.

El Temple incluía dentro de su orden, los retrais o estatutos, para guiar la conciencia templaria dentro de sus conventos y el diario vivir. Como sabemos, la orden estaba constituida por infinidad de personas, de las cuales hablaré sólo de tres. En primer lugar estaba el caballero, debía ser noble de cuna, al cual no se le permitía el baño ni el corte de pelo, por lo menos esto fue al inicio de la orden; podía comer carne para soportar las batallas y las largas travesías*(1). Tenía derecho, igual que el gran maestre, a cuatro caballos además de su caballo de guerra llamado turcómano, estaba entrenado para patear, morder y matar así como defender al amo, a su montador templario. El caballero tenía de igual manera un sinnúmero de mozos y ayudantes que le facilitaban la tarea de la guerra.

Un monje templario equivalía en términos de batalla a seis u ocho hombres de guerra; no se pagaba nunca rescate por los hombres del Temple que caían prisioneros, por tal motivo, siempre estaban preparados a morir por su fe y por la orden. Estos caballeros con poco olor a limpieza eran temidos por los infieles. El guerrero aunque noble de abolengo, era inculto*(2), pero algunos es probable que se comunicaban en otros idiomas aprendidos de oído mas no leían ni escribían.

La segunda categoría templaria era el sacerdote, usaba otra vestimenta, sin omitir la cruz de ocho picos; era el encargado del culto religioso. Por lo general estos templarios sacerdotes eran hombres cultos que hablaban varios idiomas incluyendo el latín. Este grupo era vegetariano por la actividad que realizaba, no era guerrero, sin embargo, hay quienes opinan que consumía carne como el caballero de guerra. La tercera categoría del Temple admitía a hombres que propiamente no estaban bajo el juramento, pero sí guiados por los estatutos de la orden, estos eran los escuderos, mozos, cocineros, sargentos, etc.

La orden templaria fundada entre 1118 y 1119 por Hugo de Payns, tenía como idioma oficial el francés, también usaba comunicación por medio de signos; según el autor Marion Melville en su libro “La vida secreta de los templarios”, nos dice que a su vez, el monje Uldarico de Cluny informa que eran más o menos 30 signos.

Una vez que se ha mencionado por lo menos, un tanto acerca de la orden para conocer ciertos antecedentes, ahora me propongo comentar el porqué de su fugaz desaparición teniéndolo todo; poder, fama, respeto y riqueza, y cómo fueron incapaces de haberse salvado con esas características guerreras tan especiales, dejarse atrapar, torturar y finalmente muchos de ellos morir.
Para los templarios el honor era un estado de conciencia muy alto que representaba la piedra angular de la orden. El Temple fue una sociedad de círculo cerrado, hermética, que sólo permitía sus secretos a los iniciados. Los hermanos poseían un secreto por demás interesante que de ser descubierto en aquella Edad Media oscurantista, hubiera revolucionado y probablemente puesto en predicamento al mundo cristiano-católico. Pero como los templarios estaban adiestrados en una disciplina que en el fondo era más militar que religiosa, la indiscreción así como la indisciplina les podía resultar fatal a los negligentes y la desobediencia se castigaba con severidad, sin omitir a los que traicionaban a la orden. Por motivos de esta índole, lo que se decía, escuchaba y practicaba dentro del Temple, ahí se quedaba, era ocultado y no trascendía las paredes del recinto, estamos hablando de los templarios que hacían el juramento de los tres votos.
Este terrible secreto, no consistía en haber descubierto el templo ni los rollos de Salomón y su supuesta sabiduría, ni la pretendida paternidad de Jesús con María de Magdala de quien se dice procrearon a Sara, su única hija, ni tampoco encontraron el tan ajetreado Santo Grial, no. El secreto va más allá de estos comentarios, el secreto es devastador si se llega a descubrir, si se le llega a informar al pueblo católico de aquellos tiempos. Este magnífico secreto era un arma de doble filo, por un lado, era fascinante saber de él, conocerlo, y por el otro filo, era mejor no comunicarlo al vulgo, a nadie, pues traería la muerte.
Los templarios crecieron en fama, riqueza, respeto y poder, desaparecieron con la fascinación del misterio, incluyendo el secreto que sólo ellos conocían, esfumándose sutilmente como nacieron. De igual manera la flota templaria se desvaneció del puerto deLa Rochelle, con todo el tesoro a bordo, antes de que Felipe IV lograra obtenerlo por cualquiera de sus métodos, en aquel fatídico viernes 13 de octubre de 1307.

Existen infinidad de libros que hablan acerca de unos templarios románticos que viajaban dos por caballo, otros nos dicen que eran monjes homosexuales, unos más hablan de superhombres protegidos por dios y el papa, algotros contienen entre sus páginas a unos templarios hermanados y conocedores de los rituales y secretos del Oriente Medio.

No es descabellada la idea de que los templarios probablemente al inicio de la orden, descubrieran algún tesoro que les dio la pauta para crecer en fortuna, aunque no lo necesitaban por las múltiples donaciones que la gente hacía, una vez que entendió su labor. Puede tener sentido esta teoría, sin embargo, el secreto templario de acuerdo a mi opinión, radicaba en haber descubierto la verdadera naturaleza de Jesús; que no era cristo, pues muchos y anteriores hombres cristificados ya existían siglos o milenios antes en la India, en Egipto, etc. Los templarios sabían que no era divino, ni fue hijo de dios, simplemente era un ciudadano judío que trataba de liberar a su pueblo.
Los hermanos tuvieron la oportunidad de conocer otras corrientes religiosas y filosóficas del Medio Oriente, la tierra de Jesús, y compararlas con su religión, logrando descubrir como ya se ha dicho la verdadera esencia del rabí. Probablemente se enteraron y conocieron los argumentos de Flavio Josefo, (Yoseph Ben Mattityahu-37- 100 DC) aquel político e historiador judío, quien dirigió una revuelta contra los romanos en el año 67 DC el cual fue derrotado, pero continuó escribiendo todo lo relacionado con los judíos de su época. Precisamente Flavio Josefo dentro de sus escritos, “Antigüedades judáicas” y “La guerra judía”, menciona a Jesús sólo de paso, es decir, no dedica parte importante en su escritura para hablar de ese otro revolucionario, simplemente lo menciona pero no como alguien grandioso o con poder sino como un judío más. Igual lo ignoran Tácito, Plinio y Suetonio que fueron contemporáneos de Jesús.
En el maestrazgo de Odón de Saint Amand, octavo gran maestre de la orden, los hombres del Temple tuvieron contacto con un individuo famoso y temido al que llamaban “El viejo de la montaña”; jefe inmisericorde de una misteriosa secta de fanáticos ismaelitas que se hacían llamar “Los haschichins” o “Assassins” o sea, asesinos, pues no se tentaban el corazón para partir a cualquier ser humano con sus filosas y mortíferas dagas, machetes o cimitarras.
De igual manera, presumo que los residentes del Temple conocieron muy bien la magistral jugada de Constantino, en la cual desechó todos los dioses romanos, para convertir a su imperio vía sutil u obligada, al monoteísmo; valiéndose de aquellas sectas cristianas que seguían apasionadamente a un hombre que le decían Jesús, es decir que, Constantino fue quien robó la idea a los primeros cristianos.

Constantino y su gran ingenio, fue el fundador del actual catolicismo que hoy en día se ostenta con el título de iglesia católica apostólica y romana, y es necesario especificar que el término Roma, no viene del latín sino del griego y quiere decir fuerza, según nos lo enseña Juan Jacobo Rousseau; de ahí la fuerza para el cambio que realizó Constantino, (o San Constantino para la iglesia ortodoxa) saliendo de Roma para transformar una pequeña comunidad y fuerza judía, pues Jesús lo era, en el poder de Roma, en el poder de Constantino.

La mayoría de católicos desconoce el porqué la religión cristiano-católica de ser judía pasó a ser romana con asiento en el Vaticano. Constantino se encargó de ello en el concilio de Nicea, (año 325 DC) comprando a los obispos que lo ayudaron a perpetrar el robo, tanto de la idea de Jesús como de su deificación que se llevó a cabo dentro de ese concilio, y que cambió por completo el curso de la historia, pues un solo hombre con su enorme y magnífica idea, transformó en dios a otro hombre llamado Jesús, dando inicio a una de las religiones más intolerantes que ha tenido la historia de la humanidad: el catolicismo, quien se toma al pie de la letra las palabras bíblicas de “o estás conmigo o estás contra mí”.

En términos diferentes, la ya mencionada religión católica o iglesia católica, apostólica y romana, nació del fraude, del robo de la idea y de la figura máxima del cristianismo primitivo, por tal razón, esta “religión” no es genuina, aunque se adjudique el título de líder del cristianismo; los auténticos y verdaderos cristianos son otros. Muchos de ellos torturados y desaparecidos hace siglos, como los Cátaros en el sur de Francia, cristianos asesinados por otros cristianos, los católicos, que reclamaban la autenticidad.

Los hombres del Temple conocían este devastador secreto acerca de la no divinidad de Jesús, y de que en tiempos del obispo cristiano Silvestre I (314-335 DC) quien era, al parecer, el obispo de Roma, el cristianismo original fue tomado por asalto y constituido en religión oficial del imperio romano. Esto fue por la voluntad del hijo de Constancio Cloro y de Elena, (después santa Elena) pues él, (Constantino) creía que era mejor posesionarse de la conciencia de la gente por la vía de la creencia que por la vía de la espada (aunque de hecho utilizó las dos cosas: la persuasión y la espada).

Igualmente los hermanos del Temple sabían que, en el año 325 de nuestra era, la división de corrientes cristianas se hizo inminente, separando a los auténticos cristianos de los otros cristianos, los ahora seguidores del mismo Jesús pero con su asiento en Roma y dirigidos por un personaje cabeza que fue denominado papa, para diferenciarse de los originales cristianos. Aunque ya para los años 1475 a 1521, cuando el papa León X, el de la gran pelea con Lutero, (1517) el que dio origen a la fatídica Taxa Camarae con sus “tonificantes” 35 indulgencias, le dijo al cardenal Bembo en una carta: “Quantum nobis prodest hac fabula christi”, (de cuanto nos ha servido esta fábula de cristo) ya los templarios no existían como hermandad, como orden, para haber podido confirmar por labios de León X, el secreto de la no divinidad de Jesús que ellos conocían. Por esta circunstancia los hermanos del Temple jamás adoraron a Jesús como hijo de dios ni como dios mismo, pues ellos sabían que no lo era. Ese fue su terrible secreto que por razones de seguridad grupal y personal tenían que guardar, de otra manera, lo más probable es que la orden hubiera desaparecido mucho antes. Aun así, el pesado secreto los alcanzó en 1307, hasta la desaparición del último gran maestre Jacobo de Molay en5314 a.l.(anno lucis).

Llegando al punto de la no deidad de Jesús, la apologética cristiano- católica se derrumba, aunque no se quiera reconocer que la idea junto con el nombre de Jesús fue robado y después deificado por, insisto, la astucia de un romano cuyo nombre era Constantino.

Por lo que se puede observar, el secreto del Temple siempre ha estado a flor de piel, pero la mente cristiana no lo descubre, sufre de ceguera y astigmatismo conciencial, padece de claustro mental, de un terrible escotoma que la bloquea totalmente; por ello, el gran secreto del Temple se mantuvo a resguardo, pues reconfirmando, si alguno de los hermanos lo hubiese ventilado, el resquebrajamiento de “la iglesia verdadera” hubiera sido inevitable en la Edad Media, en la época templaria.
La orden del Temple tuvo 22 grandes maestres a lo largo de sus 196 años de vida que a continuación se expondrá como parte final de esta investigación*(3).


1.- Hugo de Payns (fundador 1118- 1136) 2.- Roberto de Craon (1136- 1149) 3.- Everardo des Barres (1149- 1150) 4.- Bernardo de Tremelay (1150- 1153) 5.- Andrés de Montbar (1153- 1156) 6.- Beltrán de Blancfort (1156- 1169) 7.- Felipe de Milly (¿o de Naplusia?) (1169- 1170) 8.- Odón de Saint-Amand (1170- 1180) 9.- Arnaldo de Torroja (1180- 1184) 10.- Gerardo de Ridfort (1184- 1189) 11.- Roberto de Sablé (1191- 1193) 12.- Gilberto Erail (1193- 1201) 13.- Felipe de Plaissiez (1201- 1209?) 14.- Guillermo de Chartres (1209?- 1219) 15.- Pedro de Montaigú (1219- 1232?) 16.- Armando de Perigord (1232?-1244?) (desaparecido en la batalla de Gaza) 17.- Guillermo de Sonnac (1246?- 1250) 18.- Rinaldo de Vichiers (1252?-1256) 19.- Tomás Berard ( 1252?- 1256?- 1273) 20.- Guillermo de Beaujeu (1273- 1291) (último gran maestre del Temple en Oriente) 21.- Teobaldo Gaudín (1291- 1294) 22.- Jacobo de Molay (1294- 1314) (el último gran maestre del Temple).

*(1) Hay autores que tienen opiniones encontradas acerca del Temple con respecto a si los caballeros de guerra se bañaban o no, o si usaban el pelo largo o corto. Marion Melville me parece bajo mi punto de vista el más acertado.

*(2) En el libro “Auge y caída de los templarios”,Alain Demurger menciona que la palabra inculto equivalía a no hablar el latín, no propiamente a la incapacidad de no saber nada.

*(3) Según el autor Alain Demurger en “Auge y caída de los templarios”, existió otro gran maestre llamado Ricardo de Bures, sin aclarar el exacto origen de su nacimiento, se cree que nació en Normandía o en Tierra Santa y su maestrazgo fue entre 1244/ 45- 1247.

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