lunes, febrero 27, 2012

TRESCIENTOS SETENTA Y DOS




Si tuviera que escribirte una carta desde un territorio lejano donde me fui por fuerza mayor o por simple deseo de permanecer, describiría un país de nieve.


Aquí estoy en el centro blanco de un mundo blanco.


Veo a diario el lago y las montañas moviéndose a mi alrededor y marco con huellas un camino en el bosque como me pidió mi padre.


Describiría luego el color de estos frutos sangrientos que asoman en medio de la nieve
(pero no pondría la palabra sangre diría tal vez granate, fosforescentemente rojos,
ardientes) entre ramas peladas y negras.


Al leerla vos sonreirías recordando el sabor de las cerezas.








Foto. A. Correa

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