viernes, marzo 30, 2012

FIODOR TIUTCHEV









No importa lo que la vida nos enseña,
el corazón cree en los milagros:
existe una fuerza inagotable
también una belleza imperecedera.

La decadencia terrestre
no tocará las flores sobrenaturales,
el calor del mediodía no secará
el rocío que hay en ellas.

Y esta fe no engañará
al que de ella vive,
no marchitará todo lo que aquí floreció,
no desaparecerá todo lo que aquí existió.

Pero esta fe es para pocos.
Solo conocerá el paraíso,
el que supo sufrir amando
en las tentaciones de la vida.

El que curó enfermedades ajenas
con su propio sufrimiento,
el que ofreció su alma por los demás
y soportó todo hasta el final.




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