sábado, mayo 26, 2012

CANTAR A LA POESÍA



GENTILEZA  DE JUAN DISANTE

Hay momentos de nuestras vidas que quedan más grabados que otros.

Nunca olvidaré aquél en que por 1º vez escuché la canción ”Que seas vos”.

Imaginen unas vacaciones en una carpa con amigos en la ladera de una montaña en San Luis. Una mañana lluviosa despertándonos con aromas de yerba mate y tostadas. Día gris, escuchando la persistente llovizna. Nos quedamos todos en silencio respirando el olor a tierra mojada. 1º de febrero de 1978. Todo se iba convirtiendo en un pasado inmediato en el que habíamos sido derrotados. Una dictadura a la que se calificó de mil maneras y que para nosotros simplemente asesinaba utopías.

Nos preguntábamos: ¿qué es la utopía?

Un compañero observaba el montañoso panorama murmurando “Qué esplendor!”.

De pronto, alguien enciende un radio: la voz del jujeño Jorge Cafrune llegando desde dentro de la carpa, cantando “Que seas vos”.

Al terminar la canción, la radio informa que el turco acababa de morir en un camino, atropellado sospechosamente por un camión que se perdió en la oscuridad de la noche. Dolor y estupor. Acababa de cantar en Cosquín “El Orejano” y estaba emprendiendo una travesía a caballo hacia Yapeyú para rendir homenaje a San Martín. Según testimonios aparecidos en el “Nunca más”, su muerte se habría planeado en el campo de concentración de “La Perla”.



La autora de “Que seas vos?, Marta Mendicute, era nacida en Tucumán pero estaba enamorada de Jujuy. La escribió en Buenos Aires, soñando con volver a sus pagos del norte, pero con el temor de quién buscó en algún momento la utopía del progreso. Miedo de volver y no reconocer sus viejos lugares tan queridos. Entonces comenzó a hacer (lo que cualquiera de nosotros haría), inició el regreso de a poquito… como en puntas de pie… primero volvió a su tierra natal… y después a su Jujuy del alma.

En Tucumán escribe “A qué volver”: “La casa ya es otra casa / el árbol ya no es aquél / han volteado hasta el recuerdo / entonces ¿a qué volver?”

Esta canción gana el 1º premio en el festival de la canción Odol en 1964 y demuestra el importante lugar que tiene la mujer en el folklore argentino.



*****

FINA ESTAMPA DE CHABUCA GRANDA



Hay quienes piensan que en Latino-America el criollismo nació posteriormente a los acontecimientos revolucionarios emancipadores de la corona española. Y no es así. El arraigo a las costumbres de nuestras tierras se fue gestando mucho antes que acabara el coloniaje.

El amor a lo nacional de la población nace en el seno del viejo régimen.

Y muchas veces dentro de aquellas familias burguesas, diferenciadas de los sectores más humildes. Algo de esto dice Carlos Fuentes, recién fallecido, cuando dice que en la experiencia en este nuevo mundo se trata de una fusión de razas y clases, que da forma a una novedosa realidad.

Este es el caso de Chabuca Granda, que en Perú era sucesora de una familia bien acomodada que se desenvolvía en un ambiente “pituco”. Esto se percibe en toda su obra, que se expresa al comienzo con canciones como “La flor de la canela” en donde expresa toda la galantería y finos modales de la alta sociedad. “Pone a un personaje, Victoria Angulo, “derramando lisura y dejando a su paso aromas de mixturas que en el pecho llevaba”.

Al principio, en un momento, Chabuca dice: “¿De dónde ha salido este concepto tan ridículo de las clases sociales? No hay que olvidar que, en este sentido, hay villanos con plata y pobres que son unos señores, hombres con categoría de príncipes por su comportamiento, y señores que son unos patanes.”

El primer período de su producción creativa es netamente evocativo y pintoresco. Chabuca le canta a una Lima señorial.

El signo de la época era la Marinera Norteña, la más festiva del Perú. De origen español, se emparentaba con el fandango español y la zambacueca argentina. Un estilo estético que mezclaba la influencia europea con la cultura indoamericana y criolla.

Entonces, Chabuca abre esa puerta y avanza por ahí.

En el transcurso de su vida, se va transformando y avanza sobre el sentir popular de los sectores más humildes y elabora un cancionero de disgusto con el modo social-capitalista y se abre a melodías de tesituras muy amplias. Ya en su madurez, empieza a batallar contra las injusticias sociales. En 1945, cuando pierde un juicio en una causa por la defensa de un zambo, dice: “Las mujeres y los pobres siempre pierden, porque aquí no hay justicia”.

En sus últimos años, Chabuca, interpreta un repertorio ligado al renacimiento de la música afro-peruana.

En una especie de barroquismo americano, decía que si gobernaran sólo 18 hombres con talento, con gran sentido de honestidad y de justicia, el Perú estaría salvado. “Pero está visto, que ni con la linterna de Diógenes los encontraríamos”.

Chabuca rompe con las viejas estructuras rítmicas del vals galán de salón. E Incluso, quebranta las estructuras de la poesía convencional castellana y las hace más sintéticas. El ritmo de sus canciones seguirá los pasos de una evasión de las rimas, consonancias y métricas dadas. A esta etapa pertenece su acercamiento a Violeta Parra, al cubano Pablo Milanés, a Nicomedes Santa Cruz y a Javier Heraud, poeta peruano, asesinado en la revolución de Velasco Alvarado en 1968.

Para hacer una síntesis, me gustaría decir que, Chabuca Granda comienza volcando su gracia galana. Y luego, a través del drama del canto popular limeño bailado en patas por las clases humildes, con un pañuelo revoleado, descubre la peruanidad y la pasión latinoamericana.

La cultura musical criolla se inicia en Perú con la llegada a aquellas tierras de los esclavos africanos llevados por los españoles y prosigue con el criollismo de Chabuca Granda.

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