domingo, junio 24, 2012

DIARIO DE LA OBSESIÓN 2




DOS VECES DIEZ

Una vez creí ver a M. llorar. Nos citamos en un café, hablamos muy poco, llovía. Detecté un leve y nuevo brillo en sus ojos. Pero M. bajó la cabeza o miró hacia otro lado, no lo sé. Yo estaba muy distraída imaginándola en lágrimas. Llorá un poco, quise decirle. Nunca lo hizo.


Durante varios días permanecí en casa, no podía salir. El silencio de las cartas se había propagado. Un aullido prolijo me despertaba por las noches. Empecé a escribir un diario sobre mis diálogos con M. pero arrancaba lo escrito después de cada encuentro con Él. Decidí no verlo más. Es que yo no sabía dónde ubicar su franqueza. Por momentos era tan claro que todo lo que decía me parecía pura mentira.


Carta -2-

Dos veces seis me desperté esta noche para escribirte,
para fumarme tu nombre y quemarme los dedos
con este cigarrillo eterno.
Tengo la boca negra de angustia
y este humo purifica.
Te escribo
para no morir en el sueño placido, inofensivo
pero es lo que quisiera, realmente.
Realmente…
Qué clase de palabra es esa.
No hay nada más real que el desaparecer del humo.
Que despertar lo despierto.
Que acreditar la ausencia.
Dos veces ocho me desperté para escribirte
y me pregunté: por qué no pinto la noche con el color del día
de una vez por todas
por qué no me engaño por completo.
Me doy cuenta de que mi cuerpo es fuerte.
Aun te percibe, se eriza, y además quiere.
No puedo adiestrarlo. Jugamos a que sí,
pero me despierta dos veces diez cada noche.
La unión de mis nervios se volvió tejido denso,
tapa a los demás órganos.
Este corazón ya casi no se oye.
Si me acuesto, y no te escribo,
qué clase de palabra sería eso.


M.

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