jueves, julio 19, 2012

EXILIO




Y el recuerdo se deshizo en lágrimas salobres venidas del océano Pacífico,

ya no sabíamos si eran de color gris, verde o trasparentes,

había pasado tanto tiempo en tinieblas, ilusionando.



Podíamos imaginar la cordillera vestida de luto con azares marchitos

y zopilotes sobrevolando la capital del temor.

Podíamos ver una casita pestañear a lo lejos

blancas volutas de sueños rotos, en una noche que se hizo eterna.



Todo lo podíamos vivir en nuestra mente y en el corazón,

divisar el cielo entristecer ausencias, en agónicos lamentos confundidos.

Ríos serpenteando pañuelos de despedidas

y un revolotear de adioses sin besos que los consuelen.



Tiempo en el exilio sin voces familiares para la calma.

Una espera que se alargó en días, meses y años, sin reflejo,

una fotografía en sepia que deja huellas profundas en la cartulina.



Ahora, encendimos la luz para los que ya se fueron sin retorno

y quedaron hollando arenas de otras playas.

Les damos nuestro adiós, un abrazo de continente,

y al volver al camino, nadie nos reconoce, somos algo que no encaja

en esta nueva fisonomía, inaudita confusión, las generaciones pasan

y la nuestra, yace en un tiempo fenecido.



Nos quedamos allí, encerrados en un sempiterno exilio,

masticando memorias que no encuentran lugar

en el rompecabezas de la vida.

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