lunes, agosto 06, 2012

TANGO DEL VAMPIRO


@ DR LUIS ALPOSTA 






El color rojo de la sangre se debe a una sustancia química llamada porfirina y la porfiria consiste en un desorden constitucional del metabolismo de dicha sustancia. La porfiria[1] congénita es una enfermedad muy rara. Las posibilidades de que ambos padres aporten los mismos genes defectuosos es muy remota... a no ser que se trate de habitantes de una comunidad pequeña, donde sea habitual que los cónyuges desciendan de antepasados comunes.

Vlad Draculea Tepes (1431-1476)

Entre los trastornos de la porfiria se destacan la anemia, con su correspondiente palidez, la coloración rojo parduzca de los dientes, llamada eritrodoncia, y una extrema hipersensibilidad a la luz solar con severas lesiones de piel. Al respecto, dice el Dr. Robert Katz, oriundo de la región de Transilvania, citado por el Dr. Cereijido, que por eso estos enfermos graves visten habitualmente ropas negras, usan sombreros aludos y muy encajados, guantes, anteojos oscuros, y suben sus cuellos y solapas, teniendo prohibido exponerse al sol.
Antiguamente, cuando un transilvano se agravaba de porfiria se recluía en su casa y dormía durante el día cubierto por un manto negro. Los paisanos, que acaso lo recordaban enfermo y lo suponían muerto, al toparse con él durante la noche, ponían sus coronarias a prueba.
No era de extrañar que los porfíricos se entregasen a ingerir las medicinas caseras más diversas y descabelladas. Para restaurar su sangre recurrían a beber la de pollos y cabritos, lo que al no causar mejoría, hacía que más de uno se sarpara y comenzase a mirar con cariño las yugulares más próximas

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