lunes, septiembre 17, 2012

UN PROPÓSITO SIN ACCIÓN ES UNA ILUSIÓN

@ PAPA JAIME 

           


En tiempos de tormenta, pase lo que pase, el girasol siempre busca la luz. Como su nombre lo indica, es una flor que a toda hora se orienta hacia los rayos del sol. De igual manera, durante estos tiempos de crisis, de vacío interior, en los que muchas veces realmente no sabemos qué es lo que queremos, debemos mantener una orientación clara hacia los valores espirituales. Por eso es tan importante que tomemos un tiempo cada día para reflexionar sobre lo que queremos lograr y cómo lo vamos a conseguir. Luego debemos proceder con una acción inmediata, con constancia y disciplina. Porque un propósito sin acción no pasa de ser una simple ilusión.

El poder del universo con su infinito amor, unido a la voluntad del ser humano, puede hacer que todo propósito y toda vida nazca y florezca incluso en las circunstancias más adversas.

A sus escasos 13 años de edad, Blanca vivía en una oscuridad y una desesperación que sólo se puede ver y sentir cuando se ha vivido en una horrible madriguera. Le costaba mucho trabajo conciliar el sueño en tales condiciones, pues a la estrechez de aquella cueva se sumaban las incomodidades del lugar que constituía su “cama”, formada por una dura superficie recubierta con húmedos trapos impregnados de un olor amargo.

Una noche Blanca sintió un fuerte dolor de estómago y empezó a gemir debido a un cólico impresionante, hasta que de un momento a otro y en medio del dolor, una indefensa criatura brotó de su vientre en una noche de luna llena. Así poco a poco, Milton se fue abriendo paso hacia la vida, a pesar del mar de dificultades que significaba vivir en tales condiciones.

Un día, mientras Blanca dormía con su pequeño hijo en el frío suelo de la alcantarilla, una rata se acercó y le mordió la carita. Una escena que su madre narrara días después como aterradora.

Pasaron algunos días luego de ese horrible incidente, cuando me encontré con una periodista fotógrafa de la Agencia Reuters, que se encontraba adelantando un trabajo periodístico en Bogotá. Le costaba trabajo creer que existiesen niños que vivían entre las aguas negras y tenía gran interés en tomar fotos, así que la invité a la alcantarilla en donde vivía Milton, para que conociera más de cerca esa realidad.

Caminamos por aquel túnel negro y fétido y de pronto escuchamos unos gritos. Era el llanto desgarrador del bebé, cuyo eco parecía multiplicar el sonido y la desesperación de aquella desprotegida criatura. Cuando nos fuimos acercando vimos un cuadro muy triste que, sin embargo, tenía un aspecto tierno: entre unos trapos viejos y unos cuantos periódicos estaba Milton, con su cara totalmente inflamada debido a la mordedura de la rata, recostado contra unos perritos recién nacidos que parecían tratar de consolarlo.

De inmediato lo levanté y lo aferré a mi cuerpo, para sentir su calorcito y transmitirle el mío. Al arrullarlo se fue calmando poco a poco, y de repente sentí algo húmedo, como agua caliente…tenía diarrea. Totalmente preocupado le dije a Blanca “nos vamos para el hospital, porque una diarrea de estas lo puede deshidratar y Milton puede morir fácilmente. Es más, ya es hora de que se vengan para la Fundación Niños de los Andes, donde no tendrás que preocuparte de nada, ¿No te parece?. La respuesta de la niña, que muestra hasta dónde puede llegar la solidaridad de una persona con otras criaturas vivientes, fue sencillamente. “¿Y qué hacemos con los perritos?” “Todos vendrán con nosotros, incluyendo la perra negra”, le dije “Vámonos”. Y aquella noche, también de luna llena, el hijo de la oscuridad salió a la luz.

Así, gracias al poder de decisión de Blanca, a su deseo de superación y a su conciencia pura, el desenlace de aquel episodio fue el previsto: el niño recibió atención médica y Blanca y su corte fueron a parar a la Fundación con sede en Cajicá. Cuando ella cumplió 18 años, le dimos una casita muy humilde, pero propia, en un barrio al sur de Bogotá. Hoy en día Blanca es una mujer muy responsable. Está trabajando y vive con sus dos hijos: Milton y Viviana, a quienes considero como mis propios nietos.

En la actualidad Milton y Viviana asisten a la escuela y su rendimiento académico es ejemplar. Su mamá ha tenido que jugar ese difícil e importante papel de padre y madre, pero por fortuna lo cumple en forma muy responsable, pues sabe que la única forma de educar a los hijos es con mucho amor, con un diálogo permanente y con una motivación continua.

Así, Milton y Blanca fueron en su momento las semillas que soportaron una oscuridad indecible, y que, no obstante, brotaron para convertir esos terribles sufrimientos en nutrientes adecuados para fortalecer su raíz. Gracias a ellos, hoy el jardín de mi alma ha florecido con estos hermosos y tiernos girasoles.

Milton, el auténtico hijo de la oscuridad es un ejemplo de vida, pues aún cuando es concebido y nace en una alcantarilla, en condiciones en las que sobrevivir parecería imposible, gracias a su fuerza de voluntad y su amor por la vida, logra abrirse paso para encontrar, no sin infinito sufrimiento, su senda hacia la luz.

Esta historia nos muestra la importancia de actuar aquí y ahora, pues el que se queda observando el viento nunca podrá sembrar; el que está pendiente de que las condiciones de las nubes y el agua sean perfectas, jamás plantará la semilla porque las situaciones perfectas sólo existen en los cuentos de hadas. Nunca olvides que necesitas actuar con audacia y decisión, para alcanzar resultados que los más sofisticados cálculos jamás podrán dar.



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