martes, enero 22, 2013

LA CASA PERFECTA


@ MARIANELA PUEBLA

Esta narración gano el quinto lugar en el "Primer Certamen Internacional Toledano" , Casco Historico España. 
1 diciembre 2012.



Me prometió mucho. Todo el día hablaba de ella, era como una obsesión. Le pedí que la describiera paso a paso, tal vez conociéndola me entusiasmaría. Dijo que será nuestro mundo, un mundo desnudo ante los ojos, sólo para dos, la casa soñada, un universo que nos cobijaría del resto de la humanidad. Una casa desbordante de aventuras, cada pieza con su muy personal historia. Paredes de colores cambiantes, de acuerdo al clima o al ánimo. Cuadros en lugares insospechados, recovecos excelentes para jugar a las escondidas. Intrigante en suspensos, encantadora en sus cuentos, una maravillosa casa pensante.

Cada atardecer me sentaba junto a la chimenea para que me hablara más de ella. ¿Cómo es mi dormitorio? Le pregunté entusiasmada, se quedó mirándome largo rato y luego, repitió mi pregunta, como para asimilarla, -¿tu dormitorio?-, se rascó la barbilla y la dibujó en mi mente, tal como yo la quería, la ventana junto a un naranjo y su fragante perfume de azares, entrando sutilmente por la pieza. Una estantería para mis libros y todos mis cuadernos en perfecto orden, sin olvidar el escritorio y la computadora.

¿De qué color son sus paredes? Pregunté intrigada. Las paredes tienen el color de los sueños. ¿Y si tengo un mal sueño? Trataremos de que eso no suceda, así tendrá siempre el color de la alegría que normalmente te caracteriza.

¿Cómo es su entrada? Indagué. Pues primero el antejardín con una gran variedad de plantas y flores. Un arco de rosas, gradas...cinco, dos sillones de mimbre a los lados esperando con un libro interesante para leer. La puerta de dos hojas, una cabeza de león que deberás golpear dos veces. La puerta rechinando una lejana melodía, antes de cruzarla, un largo pasillo con una alfombra de mariposas a punto de despegar. Un amplio salón y grandes ventanales. Un piano de exquisitas maderas interpretando el vals de Piotr Ilich Tchaikovsky, el Lago de los Cisnes. Un suave aletear en el ambiente. Mullidos sillones incitando al descanso con su cálido abrazo. Las llamas en la chimenea ondulando un baile hipnótico. El comedor, listo, con sus finas porcelanas, vasos de cristal enviando destellos al aire en un afán de atraer a las botellas de vino perfectamente alineadas según la ocasión.

Cuadros alusivos a la merienda, con olores y frutos frescos que invaden el ambiente como un irresistible aperitivo.

¿Y el resto de la casa?, pregunté deslumbrada. Dos dormitorios además del tuyo, otras piezas de diversos usos, al fondo un cuarto que no debe abrirse. Y luego el baño burbujeante en espera que desees refrescarte, con un gran espejo cambiante de acuerdo al peinado y la vestimenta, según quieras verte más gorda o más delgada, más alta o más pequeña. Por el pasillo, una puerta que da a la cocina y sus estanterías repletas de paquetes y tarros de comida. Los trastes y sartenes colgando, desde una viga en medio de la mesa de trabajo. El fogón prendido y ollas humeantes con diversos y apetitosos guisos. Por último, el patio, árboles frutales, un parrón y bajo él, una mesa rústica con sus sillas macizas. Macetas con flores y helechos ocupando todos los rincones, sin olvidar el naranjo junto a tu ventana.

¿Cuándo podré ir a visitarla? Interrumpí. Me miró con una mirada casi perdida en el ensueño, y tartamudeando dijo, ¡pronto!

Pasó el tiempo y una tarde, al regresar, encontré una nota sobre la mesita de centro. Intrigada la leí de inmediato, sólo decía: “Adiós, me voy a la casa nueva”. Nada más. Me quedé petrificada, nunca me llevó a ella, no quiso hablar de la pieza que no debo abrir, no me dejó las llaves, ni siquiera me dio la dirección.



Ahora, la busco, he tocado muchas puertas con manillas de leones, pero no es ella, tal vez cuando la halle, la misma casa me reconozca.















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