jueves, noviembre 19, 2009

LA CARCEL DE SUS SUEÑOS





JUEVES 12 DE NOVIEMBRE DE 2009

(*) Raúl

El Bronx no es el barrio más adecuado para albergar sueños presuntuosos. Alcanza, como mucho, a entender que Brooklin, unas cuantas manzanas más allá, es un paraiso suficiente.
Desde un barrio como éste uno no puede aspirar a logros quiméricos sino, todo lo más, a conquistar cimas al alcance de la gente sencilla, como pudieran ser la tranquilidad, el reconocimiento en el trabajo, o el llegar holgadamente a fin de mes sin tener grandes litigios.
A pesar de ello, mientras fue joven Criss se atrevió a imaginarse feliz. Era su estúpida manera de pelearse con un futuro evidente.
Como siempre quiso ser pintor, pues se creía con ciertas dotes para con los pinceles, ésa era la culminación de sus fantasias. Por ello soñaba con exposiciones exitosas, con tertulias de café en su nombre, o con el reconocimiento popular que obtienen los artistas que nacen de la nada más humilde. Tal era su osadía, que durante aquellas ensoñaciones incluso le llegó a discutir la verdad al espejo, y se imaginó siendo un seductor de esos que son amados por mujeres de rasgos imposibles y gustos caros.
Pero como les sucede a todos los mediocres, a Criss el tiempo también terminó por ganarle la batalla y sus sueños acabaron solapándose entre los pliegues de una esposa tosca y desagradecida, y los de un trabajo amable, pero sin pretensiones.
Desde entonces, vive en una especie de tumba de sus anhelos en la que la frustración ejerce de patrona. Además se ha convertido, si es que no lo fue siempre, en la víctima perfecta para ese tipo de mujeres que se alimentan de los sueños ajenos. Ese tipo de mujeres que, hasta en nuestras peores pesadillas, siempre se llaman Kitty. Por ejemplo.
Scarlet Street.- 1945.- Fritz Lang



(*) FUENTE : http://elalmadifusa.blogspot.com/

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