martes, julio 05, 2011

NUESTROS POETAS

(Buenos Aires, 1927 / Buenos Aires, 2009)

La poesía de Leónidas Lamborghini siempre supo desmarcarse de todos los vectores generacionales; nunca comulgó con los lirismos adocenados. Sus versos siempre portaron una impronta personalísima, aunque el concepto tradicional de “verso”, no sería pertinente aplicarlo en este caso. Más bien habría que hablar de líneas en fuga desordenada, bloques verbales desmoronándose, monólogos ardiendo en un país concreto y real que parece estar siempre oscilando “entre la gloria y Devoto”, como decía una vieja voz popular. Lamborghini pone en acto las infinitas marchas y contramarchas a las que está sometido cualquier ciudadano al que le tocó padecer los constantes desencuentros argentinos.
Para Leónidas Lamborguini había una piedra dentro de cada palabra, por eso se empecinó en arrastrarla por toda su obra como Sísifo. Consciente del fracaso de la empresa, igual empujó una y otra vez, sin rendirse nunca, hombre de la resistencia, pasajero de un tren fantasma que se parece mucho a la Argentina.
Rompiendo con la tradición poética de occidente, logró configurar su obra de espaldas a todas las convenciones. Desconfiando de las palabras, percibía la realidad como un espejo astillado, que nos devuelve imágenes deformes, pedazos de una Patria dinamitada por la injusticia, los desastres sociales, el horror y la desidia. Lamborguini trata de desarmar el cerebro del muñeco del autómata flotando en la inercia (el ciudadano argentino); como un neurólogo escarba en las funciones del lenguaje alteradas por la mano perversa del poder. Buen discípulo del Dante, su viaje es siempre descendente, deriva por los infiernos, escaleras abajo. Somos hablados por otros, vivimos en la cárcel del lenguaje, arrancando frutos negros de un árbol seco. Aplicando la reducción al absurdo, Lamborghini sabotea las palabras, destruye el nervio del falso jolgorio comunicacional para resetear las relaciones humanas. Barajar y dar de nuevo.
Se nos fue del planeta Tierra hace poco, pero sigue llegando en cada verso que cae como una piedra que viene de quién sabe dónde.

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