(Buenos Aires, 1927 / Buenos Aires, 2009)
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Para Leónidas Lamborguini había una piedra dentro de cada palabra, por eso se empecinó en arrastrarla por toda su obra como Sísifo. Consciente del fracaso de la empresa, igual empujó una y otra vez, sin rendirse nunca, hombre de la resistencia, pasajero de un tren fantasma que se parece mucho a la Argentina.
Rompiendo con la tradición poética de occidente, logró configurar su obra de espaldas a todas las convenciones. Desconfiando de las palabras, percibía la realidad como un espejo astillado, que nos devuelve imágenes deformes, pedazos de una Patria dinamitada por la injusticia, los desastres sociales, el horror y la desidia. Lamborguini trata de desarmar el cerebro del muñeco del autómata flotando en la inercia (el ciudadano argentino); como un neurólogo escarba en las funciones del lenguaje alteradas por la mano perversa del poder. Buen discípulo del Dante, su viaje es siempre descendente, deriva por los infiernos, escaleras abajo. Somos hablados por otros, vivimos en la cárcel del lenguaje, arrancando frutos negros de un árbol seco. Aplicando la reducción al absurdo, Lamborghini sabotea las palabras, destruye el nervio del falso jolgorio comunicacional para resetear las relaciones humanas. Barajar y dar de nuevo.
Se nos fue del planeta Tierra hace poco, pero sigue llegando en cada verso que cae como una piedra que viene de quién sabe dónde.
FUENTE : http://nuestrospoetas.telam.com.ar/
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