domingo, octubre 09, 2011

DECIR ADIOS




Por Dario Ivan Rossatti

En 1980 moría el filósofo Jean Paúl Sartre, eterno compañero de la escritora Simone de Beauvoir, considerada gracias a su libro “El segundo sexo” una de las primeras feministas contemporáneas. Lo sorpresivo de esta muerte no fue el hecho en si, sino la reacción de la misma Simone que removida por sus resentimientos hacia el hecho, escribe su libro “La ceremonia del adiós”. Un libro que a juzgar por el titulo, es insulso, pero muy duro en su lectura, ya que despiadadamente cuenta los últimos 10 años de la vida de Sartre de una manera casi carnívora.
Aunque siempre respetaron sus libertades individuales (pacto relatado en extensión en su libro “La Plenitud de la vida”), nunca le perdono a Sartre el hecho de que haya muerto antes que ella.
Jamás y lo demostró en este escrito, que para amortiguar, después de dicho relato anexa las “Conversaciones con Sartre”, donde no menos despiadada le hace hablar al filosofo de su vida, sus cosas y su concepción del mundo a través de reportajes mantenidos durante agosto y septiembre de 1974, periodo antes relatado en la “Ceremonia del adiós” (todo dentro del mismo libro).

La pareja, que fue ejemplo de pareja ideal para los activistas de la década del ’70, se ha de venir abajo, indudablemente cuando ella declara que “Sartre era apasionado en todo menos en la cama”, declaraciones que hace post mortem y violando uno de los acuerdos con Sartre que era el de no aparecer en televisión.
Otro punto de inflexión es el prologo de este libro, dende recuerda una discusión con el filosofo, donde este le termina diciendo: “la tengo en una cajita” su respuesta ahora es: “¿Quién lo tiene en una cajita ahora?” haciendo alusión a las cenizas de Sartre y demostrando que la existencia misma le dio la razón, poniéndola a ella en un lugar de “ganadora”, lugar que siempre quiso tener al lado de el mismo Sartre, ya que siempre se sintió en inferioridad de condiciones con el, al considerarlo siempre “mas” que ella.

Creo que los dilemas existencialistas llegan a un extremo en otras declaraciones que pueden justificar estas cosas que tiran a la borda toda la filosofía mantenida durante la vida al decir: “Su muerte nos separa. Mi muerte no nos unirá. Así es: ya fue hermoso que nuestras vidas hayan podido estar de acuerdo durante tanto tiempo”. Declaración de que aunque estén enterrados juntos, nunca mas van a volver a verse.
La veje pesaba desde hacia tiempo en Simone, ya en su ensayo “La Vejez” que lo escribe alrededor de los 40 años se preocupa por este tema, que sin querer la estaba llevando al fin de su existencia.
Sus memorias hablan de lo mismo: en “La fuerza de las cosas” habla de su cese de actividad, por estar convirtiéndose en “vieja”. Pero la declaración mas efectiva del tema lo hace en las memorias que le siguen: “Final de cuentas” donde ya no registra, sino que recuerda por hechos, característica de la vejez, y en su prologo expresa su sentimiento de estar “deslizándose hacia la tumba”.

Hoy Simone y Sartre están enterrados juntos, ella en cuerpo, el en cenizas. El tal y como Simone relata que lo vio por ultima vez: “Sereno, como todos los muertos, y, como la mayoría de ellos, inexpresivo”. Ella una señora, en su mano derecha el anillo que le regalase uno de sus grandes amores Nelson Algren.

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