sábado, junio 16, 2012

PADRE EN EL HADES


@ LEONIDAS  LAMBORGHINI



Y vienes ahora tú, ¡oh, padre!,

viene tu sombra,

haciéndome señas de contento,

dichoso, alegre,

como siempre que acababas de causar

la quiebra de una fábrica,

de una empresa más.

Vienes a mi encuentro, espléndido,

con tu soberbia pinta de varón

que otra vez ha superado el trance;

vienes trajeado de empresario

con tu más fino casimir.

Vienes así, como lo hacías,

después de cada debacle:

arruinado

pero no ruinoso.

¿Por qué, no era desde la estética

que tú considerabas y absorbías

el fracaso,

cuando, eufórico, lo reivindicabas

y, celebrante, le cantabas un hermoso

himno?

Y ¿cuando, enseguida, inventabas,

una nueva forma

de intentar lo que tú llamabas

una nueva aventura?

Arruinado, pero no ruinoso:

lo mismo de regios

casimires trajeado

que con el pantalón y la camisa proletarios

con que te arropabas, ya al final

de tus años,

para esperarme en la puerta

de tu marítimo retiro.

Y volvía yo como un sonámbulo

de pasear por la orilla del Océano

cuando, de pronto, allá

divisaba

tu figura magnífica.

Tu magnífica estampa, coronada

por la frente alta, espaciosa,

y el divinal mechón de pelo blanco

en medio de ella, entrelazándose

con los salobres dedos del rudo viento.

Dichoso, alegre como ahora

me hacías señas como para despertarme;

y era entonces, que la caliente,

aromática sopa,

¡ya está!, ¡ya está!

avisábasme.

Y hacia esa delicia

yo apretaba mis pasos

con todos mis sentidos en alerta,

anticipadamente paladeándola.

¡Oh, padre perdedor!

Dichoso, alegre, de haberlo sido,

como si el secreto de esa fuerza absoluta

que buscabas, fuera

perderlo todo de una vez,

perder hasta lo último

que aún nos quede.

¡Oh, padre!

¿Y no he echado

yo mismo a pique,

una y otra vez,

el poema?



(De "Odiseo confinado", Van Riel, Buenos Air
es, 1992) —

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