lunes, julio 16, 2012

INA LISNIÁNSKAYA (1928)







Es extraño pensar que en la plaza principal,
en los sanatorios y en las penitenciarías,
a la penitenciaría que ustedes me quieren llevar,
los relojes marcan la misma hora.


Yo les repito sin parar:
¡el que tiene razón siempre, nunca tiene razón!
Y el alma solitaria se agita,
cansada del tiempo universal.


Mis mejillas hundidas sudan, también mi frente,
ante la derrota grito:
ah, jueces míos, niños malvados,
¡mejor reflexionen sobre su propio destino!


Me muerdo los labios hasta la rojez más negra,
mi silencio es mi armadura.
No me torturen — moriré de pena,
ustedes me dan pena, no me torturen.

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