domingo, agosto 26, 2012

LEÓN BENARÓS




(San Luís, 1915)

Poeta, pintor, crítico de arte, conferencista, historiador y abogado, nació el 6 de febrero de 1915 en Villa Mercedes (San Luís) y pertenece a la generación del 40.

A edad temprana y junto a su familia dejó su pago puntano. Vivió en Lomas de Zamora, en Castex (La Pampa), posteriormente se radicó en Mendoza y después en la localidad de Chivilcoy, ciudad en la que publicó sus primeros libros.

Colaborador permanente de las revistas Sur, Nosotros, Lyra, Tarja, Anales de Buenos Aires, Proa y Todo es Historia entre otras. También ejerció la crítica literaria desde las páginas de los diarios La Nación y Clarín; entre 1944 y 1999 editó más de veinte libros de poesía, escribió textos sinfónicos en colaboración con el músico Carlos Guastavino y letras de zambas y canciones tan populares como La Tempranera. (“Eras/la tempranera, /niña primera, amanecida flor./Suave rosa, galana,/la más bonita tucumana.”)

Junto al maestro Sebastián Piana editó el álbum Cara de Negro (12 candombes y pregones de Buenos Aires) y de paso se encargó de co- fundar la Academia Argentina del Lunfardo, sin contar en esta presentación con la prosa que dejó escrita, es decir una obra sencillamente extraordinaria en forma y contenido.

Una estructura rítmica impecable le abrió el paso y facilitó el verso, donde latidos serenos dan paso a melódicas rapsodias que envuelven el cuerpo de una patria posible. En Benarós el resplandor de las palabras siempre tuvo resultados, ya desde sus obras existenciales del comienzo (El Rostro Inmarcesible, 1944 o Versos para el angelito, 1958) hasta sus romances de tono popular y despojado, donde se destaca el Romancero Criollo, publicado en 1978.

Benarós es una relevante personalidad de nuestra cultura y desde esta página se le tributa este sencillo homenaje.

Hace una ponchada de años que vive en Buenos Aires.

LA TEMPRANERA

Eras

la tempranera,

niña primera, amanecida flor.

Suave

rosa, galana,

la más bonita tucumana.



Frente

de adolescente,

gentil milagro de tu trigueña piel.

Negros

ojos sinceros,

paloma tibia de Monteros.



Al bailar esta zamba fue

que, rendido, te amé.

Eras,

mi tempranera

de mis arrestos prisionera.

Mía

yo te sabía

cuando, por fin, te coroné.



Era

la primavera

la pregonera del delicado amor.

Lloro

amargamente

aquel romance adolescente.



Dura

tristeza oscura,

frágil amor que no supe retener.

Oye,

paloma mía,

esta tristísima elegía…



Al bailar esta zamba fue

que, rendido, te amé.

Eras,

mi tempranera

de mis arrestos prisionera.

Mía

yo te sabía

cuando, por fin, te coroné



AROLAS

Le dio un fuelle su bautizo.

Era de esa muchachada

que entre taquito y sentada,

sacaba viruta al piso.

Del tango hizo lo que quiso;

por él cantaron las violas,

por él lloraron a solas….

Pido atención, compañeros;

a sacarse los sombreros:

¡estoy hablando de Arolas!



Espigado y palidón,

de pantalón orillero

a lo cantor el sombrero

y el tango en el corazón,

se metió en el bandoneón

del boliche de la esquina

y, a un compás de chamuchina,

sobre pisos encerados

vio brillar los charolados

con caña de gabardina.



Si algún organito añejo

pasa por el arrabal

o alguien silba, bien o mal,

el tango Derecho viejo,

nos estremece el pellejo

su responso milonguero

y un réquiem arrabalero

tirita en las calles solas:

es que rezan por Arolas

y hay que sacarse el sombrero.

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