jueves, septiembre 06, 2012

¿ POR QUÉ VILLA DEL PARQUE ?

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@ VERÓNICA OCVIRK

Cada quien vive donde quiere, o donde puede. Desde aquí, algunas de las razones para instalarse en este sencillo pero colorido enclave de la ciudad autónoma.



En Villa del Parque hay lugar


Lugar para vivir (no está todo copado hasta el cielo, como en Belgrano); lugar para estacionar (casi todas las calles son anchas); lugar para pasear el perro y distenderse (Agronomía); lugar para circular plácidamente sin tener que andar por ahí chocándose con todo el mundo. En Villa del Parque no vive tanta gente, así que no suele haber cola en el supermercado, ni muchos embotellamientos, ni listas de espera en los restaurantes. Casi nadie viene a Villa del Parque si no es porque tiene un amigo, o un pariente, o una novia, y eso porque acá no hay nada extraordinario más allá del paisaje arbolado, casas bajas, negocios de barrio y gatitos en las ventanas.


Villa del Parque es barato

Alquilar no es tan caro, pero no es solo eso: dado que los alquileres de los locales también son más baratos, por ende resultan a la vez más económicas cosas como el lavadero, el café, la ropa, el gimnasio o los tomates. Sí es cierto que por la zona cercana a la calle Beiró (donde Villa del Parque se “devotiza”), es todo un poco más costoso; pero en lo que son los límites con La Paternal y Floresta no hay motivo para escandalizarse con los “valores turista”.


Villa del Parque respira fútbol



“Frente a la plaza, en la calle Marcos Sastre, funcionaba el Club Parque, de cuyo departamento de fútbol infantil surgieron figuras como Juan Pablo Sorín, Esteban Cambiasso, Carlos Tévez, Fernando Gago y Federico Insúa, y donde también jugó alguna vez nada menos que Diego Armando Maradona. A escasas cuadras, en Nogoyá 3045, se levanta la sede Capital del Racing Club de Avellaneda, espacio de importantes actividades deportivas y culturales del barrio”, apuntan desde Wikipedia.


Villa del Parque está surcado por numerosos bondis


Como por ejemplo el 24, el 47, el 63, 80, 84, 105, 109, 110, 124, 133, 134, 135 y 146. Villa del Parque también está a pocas cuadras a pie de ese verdadero golazo que resultó ser el Metrobús, y como si fuera poco en términos de conexiones el ferrocarril General San Martín te deja en Retiro en menos de veinte minutos y es una de las pocas líneas que aún permite una de las experiencias ferroviarias más placenteras y excitantes: la de viajar sentada en la escalera con la puerta abierta, mejor si es con lentes de sol y el pelo al viento. Falta que nos abran la estación San Pedrito del subte (a propósito, ¿para cuándo?) y estamos listos.


Villa del Parque hace escuela en tango


En Terrada 2410 Mariano Mores compuso su célebre ‘Cuartito Azul’, presumiblemente al ver como se descascaraban las paredes de uno de los dormitorios de la vivienda que hoy puede visitarse los fines de semana de 11 a 19. También Horacio Salgán empezó su carrera en el Cine Universal de Villa del Parque, y se sabe que Julio Sosa vivió en el barrio justo antes de su trágica muerte. Hay quienes cuentan que en la esquina de Melincué y Cuenca (donde ahora pusieron un Farmacity), había un bar en el que alguna vez Aníbal Troilo se quedó bebiendo hasta cualquier hora, y cuando alguien por fin le sugirió “Pichuco, ya vamos”, él se quedó mirando a la nada y con una voz como de ultratumba dijo: “Vayan ustedes”. Pero Villa del Parque está repleto de tangueros viejos, tangueros que, si nos dan ganas, podemos ir a bailar cualquier día de la semana, total que tenemos al mejor profesor del mundo y él enseña algunas veces en la Asociación de Vecinos de Villa del Parque, otras en Gimnasia y Esgrima y también en la Asociación Cultural H.L de Roffo y en la Vecinal de Fomento y Cultura ‘Corporación Mitre’. Por lo menos milonga hay para rato.


En Villa del Parque se come más o menos bien

Claro que no sobran los bistrocitos, ni hay Starbucks, ni cupcakes, ni restaurantes japoneses, y muchísimo menos cafés con campanas sangucheras preciosas y flores y pizarrones; pero sí tenemos un montón de parrillas modestas y económicas; y también hay un bar (La Unión, en Cuenca y Nazarre) donde hacen unos tostados riquísimos, los mozos son amables y el wi-fi corre como un avión. Es cierto que los nombres de los locales pueden sonar un poquito repetitivos (se puede comprobar en este link), pero eso no es problema en tanto no nos cobren 8 pesos una factura por el solo hecho de que la panadería tenga un nombre como “La medialuna esquizofrénica”. En suma: que “Del Parque” está bien si con eso podemos darnos una idea de lo que nos vamos a encontrar.


Villa del Parque tiene blues


“Noche”, lo que se dice “noche”, en Villa del Parque no hay, pero sí funciona sobre la calle Cuenca (cuándo no) el club ‘Eter’, donde de jueves a domingos tocan excelente bandas de blues, jazz y rock en un ámbito acogedor y provisto de una buena barra de tragos a precios más que razonables. ¿Qué cuanto sale la entrada, preguntó alguien? Nada. Cero pesos. Y a los grupos tampoco les cobran por tocar. Recomendable siempre, pero sobre todo cuando tienen lugar las llamadas ‘Jam Jazz Nights’, de las que cualquier instrumentista o vocalista puede participar para zappear hasta que la velada o el público digan basta.


Desde Villa del Parque se ve el cielo



En la calle, o por la ventana, o desde las terrazas, porque la mayoría de las casas son bajas. Pero hay algo todavía más destacable: es raro ver en Villa del Parque una propiedad que sea un castillo y al lado otra que luzca como una choza. Acá todo es más o menos parejo, y eso también puede ser muy digno. Entre estas calles de Buenos Aires la vida se presenta bastante real, barrial sin afectación, normal, accesible, abierta. Y es reconfortante saber que aun con cortes de luz, aun con vecinos encandalosos, y cada tanto alguna rata, aun con la soledad –todavía y siempre-; así y todo es posible disponer de un par de baldosas debajo de un techo donde acomodar nuestras cacerolas, petates, libros, y con muchísima suerte un gato, para armarse ahí un refugio al que volver cuando uno tiene ganas de conectar con ese mundito propio, recostarse sobre una cama caliente o encontrar algo de paz.


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