martes, enero 22, 2013

SEDUCCIÓN

Ana Paula Gonzalez Suarez
@ ANA MARIA PAULA GONZALEZ SUAREZ




La otra tarde, mientras mirábamos el mar llevar su más bello compás, no te dije nada. Jugabas con mi pelo entre tus dedos, creo que sentías mi aroma y te dejé.



Te vi mirarme un par de veces mientras yo hacía piruetas al caminar por la arena, te resistías a ser descubierto y yo jugaba a no buscarte. Te vi como si siempre hubieras estado solo, con tanta gente y tanto mundo, y por eso te agarré de la mano y te llevé corriendo hacia los médanos dorados.



Por momentos parecías querer entenderme, y por otros me dejabas ser; de golpe hablabas mucho mientras yo pasaba mis dedos por la arena caliente haciendo un signo infinito. No sé por qué querías decirme quien fuiste, pero lo necesitabas, quizás querías ser honesto o tal vez no era nada.



El sol ardía suave, como no ardía tu cuerpo junto al mío. Yo me volvía un misterio, era yo siendo yo. Sin decir mucho te detuve un momento para mostrarte el casco de la estancia que yo veía desde esos médanos desde siempre. Te embosqué, te llevé a mi terreno, a mi mundo y te conté anécdotas graciosas. Esa gran estancia a metros del mar, escondida entre la gran arboleda, se vestía bonita con el color del atardecer entre las hojas.



Miraba aquella arena yo, buscando lo que una temporada trajo hasta allí, fue una maravilla, nunca lo volví a ver; y te confieso que muchas veces vuelvo hasta aquí para ver si ocurre ese evento majestuoso. Un verano, un hermoso verano jugábamos con mis primos en estas arenas a imaginarnos cosas y construir mundos llenos de juegos y aventuras. Estábamos pasando una estancia larga allí, estuvimos como un mes o más, lejos de todo, en ese pequeño paraíso.



Las capas superficiales de toda la costa estaban cubiertas por pequeños, por diminutos caracolas de mar, eran tan chiquitos que hasta los veíamos dos veces o tres, fue un alboroto breve, eran del tamaño de tres granos de arena y nunca se lo dije a nadie. Nunca más los volví a ver, pero el mar me regaló ese tesoro y jamás le llevé una flor.



Me parece que estabas viendo mi cuerpo algo torpe y alocado que narraba esta historia con movimientos exagerados para darle mayor majestuosidad de la que no necesitaba. Creo que quería compararlo a algo así como si el cielo te regalara polvo de estrellas.



Te mostré como el cielo obsequia también, asomaba la noche en el horizonte, ya el lucero brillaba incondicional, no había luna, como esas lunas de queso bien amarillas. Y aunque no lo dije, el cielo me obsequió tres estrellas fugaces y una fue para las fiestas de fin de año que pasamos allí.



Siento que tu cuerpo se aproxima con cautela, me gustaría poder decirte que no temas seducirme, tu mano en mi espalda baja acompañándome en una nueva caminata fue exquisita, y si fue breve porque enseguida te distraje con otras cosas, me gustaría decirte lo mucho que deseo que me robes un beso apasionado.



Mi excentricidad y mis impulsos inocentes, son un juego, el juego que te invita a detenerlo para ponernos serios. Admiro tu perseverancia e inteligencia, te tomas tus tiempos como si fuera un plan y yo me entretengo dilatando el momento; porque la seducción la conquista y la entrega son siempre y sólo una vez. Sospecho que te falta confianza, mientras yo te mantengo confundido y juego con tu mente un rato dejando que huelas mi perfume del que no dices nada, permitiendo de tiempo en tiempo el roce de tu piel y mi piel.



Me percaté que te asombra mi tez blanca, algo de ella te gusta que no comprendo, yo sólo estoy concentrada en tu boca y tus brazos. Me he percatado de mucho sin preguntar, estoy viendo que a ti también te han dañado, que también elegiste mal y que por momentos necesitas protegerte de mí y mi pasión, mi temperamento te engaña. Te he dejado ver algo por la mitad siempre, soy así, sólo una persona en este mundo me conoce en mi mayor profundidad, porque no es mi intención rodearme de un misterio estúpido y socarrón.



Busco perdurar en tu cuerpo aun cuando no estoy, inundar tu memoria de imágenes y tus sentidos de profundas sensaciones. Porque cuando te veo, parece que nunca hubieras llegado a casa, como si hubieras tenido tanto y fueras más que pobre.



Al tomar distancia en la playa me detuve a voltear, mordiéndome los labios, viendo tu cuerpo, pero más que ello viéndote. Y las excusas y los chistes no dejan de ser realidades, vivimos mundos distintos y a la vez parece que a ambos nos ha faltado un poco de lo mismo.



Yo no llevo reloj y a veces soy impuntual y a veces soy más que puntual: exacta. No llevo joyas y no tengo muchas prendas caras, no sigo la moda ni las tendencias, no me interesa la noche y su ruido. Soy una mañana fresca de verano, con el pelo revuelto y la ropa cómoda, soy de la playa y el campo. Soy una tarde calurosa con todo el cuerpo mojado caminando a campo abierto. Soy una calma impredecible, agitada y súbita. Soy la que sale a mojarse cuando llueve y camina descalza por cualquier lado.



A veces tengo miedo, te veo y me digo que no sé si pueda sanarte, no sé si quiera. A veces voy más ligera y entonces no me digo nada, solo te deseo y te seduzco. Porque la vida nos trajo hasta acá, será sólo para comparar, será solo para apreciar o será lo que estamos buscando.



Entre los espacios de tus palabras puedo escuchar todo lo que te gustaría obtener de mí, hacerme sentir y sin hablar de amor y enamoramiento por primera vez te veo y me pregunto si me lo permito.



Mientras te describía como funcionaba el cielo, mostrándote que la noche camina hacia nosotros, tu boca rosando mi oído me regalaba el sonido de tu respiración, y como si dentro tuyo yaciera un volcán a punto de hacer erupción, vuelvo a tirar un poco más de la cuerda y volteo a mirarte ingenuamente mientras señalo la constelación de la cruz del sur. Me levanto enseguida y aún no reaccionas, por dentro me sonrío un poco.



Cuando una mujer seduce a un hombre, ya le ha dicho que es suya. El juego se trata de saber hasta dónde sos realmente capaz de alcanzarme, sólo dejo crecer la tensión para que me lleves al placer.



No creas mucho de lo que te dije, en estas instancias estoy jugando con tu mente, para averiguar si lo que dicen tus palabras logran asir la confianza y vienes a jugar.

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