martes, enero 22, 2013

ELVIRA SUEÑA CON MUÑE

Luis Palacios
@ LUIS PALACIOS 




Muñeca rota, cruzaba en ojotas de madrugada el patio; unas llamaradas morenas le adornaban el pensamiento. Muñeca rota de lavar las sábanas, las estrujaba para enjuagarlas y se le volvían gusanos naranjas en las manos. Muñe era una canción de Depeche Mode, portaba un culito honesto que disimulaba bajo un kimono cuando cortaba el pasto, con lo que estaba dicha la belleza. El primer novio le pegó, le pegó y mucho, error que ella jamás volvió a elegir para entregarse al eterno hastaprontohastaluego.

 Muñeca sentada, Muñe rota, rostro de lindura carita de loza, miraba en camisón detrás de las cortinas a la cana llevarse a los changos de la esquina cada sábado. Muñe, Muñequita casi toda rota, casi porcelana de sus mejillas cuando se asombraban duro, despierta de viernes a domingo. Su boca era el desierto de Sonora, con un eco que bramaba sus gemidos tenues sin alma. Muñeca roja de sus emociones, las del vientre llano, acomodadita y austera su morada, la cama de una geisha que se iluminaba de mañana avivando los rastros del humo de te de jazmin; desnuda se lo tomaba y se le veían los huesitos de la cadera coronándole el pubis. 

Muñeca de la derrota, no dejaba calle sin mirar atrás, en continuado sobrevolaba el desapego y en su cuerpo nadie aprendía su nombre. Muñequita que el olvido cubrió su apellido, el derrumbe de una década lo sepulto y la dejo con un remedo de historia. Muñe, juguete del aquiyahora, rascaba su espalda en las paredes de su caja de cartón corrugado. No pudo ni quiso volver atrás, su alma elegía los atajos pues no podía aceptar el inapelable mandato de la existencia del otro. 

Belleza simple la de la Muñe, duraba tan poco en los espejos. Muñe tan rota que su saliva horadaba las piedras, las disolvía hasta el fin de los tiempos. Troskista del llanto, cebaba los mates mas lavados y amargos con bollos insuficientes. Muñe de botas, caminaba los túneles de sus historias, sus dolores acariciaban su cabecita y las ideas se le balanceaban sobre telarañas.

 Muñequita dio la nota, con su lapicera firmaba las facturas de papa y mama, lapicerita roja con la que dibujaba flores en las boletas impagas. Muñe, muñequita chiquita, vibraba del nervio y el miedo al subir por la escalera de hierro del tanque de agua. Muñe jamás pudo ver la cara de sorpresa del bombero y del portero cuando la descubrieron al drenar el tanque donde se durmió después de pagar, lavar, enjuagar, llorar; en aquel tanque donde muñe, muñequita ahogadita se termino de escapar.

Capitulo IV de la novela inédita "El aburrimiento de Elvira"



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