miércoles, junio 13, 2012

LUCIA



En el desván:

Inclinada en un rincón,

las mejillas tiznadas de distancia

y arrugado ropaje,

la encontré.

Mi primera muñeca,

la que dejó Melchor

en mis zapatos,

cuando mis cuatro años

miraban asombrados

un milagro de amor.

La bautice Lucia

y la acuné en mis brazos.

Después,

el tiempo fue pasando

y la olvidé.

Quizás,

mi adolescencia

había descartado la inocencia

para buscar caminos mas osados.

Cuanta distancia desde aquel entonces.

Cuantos silencios escondidos en las sombras.

Cuantos eneros pasando por mi vida.

Cuantos reencuentros, cuantas despedidas.

Hoy:

añoré su rostro fabuloso

y corrí hacia su encuentro.

Me miró, temblé, no era la misma,

había dolor en sus ojos amatista,

mientras un rayo de sol acariciaba,

a una lágrima que lentamente resbalaba

dejando a en sus mejillas, implacable,


¡¡¡Las señales que el tiempo no perdona!!!


 Del libro “Destino de Gorrión”




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